Koordenatuak 6288

Noiz igoa 15 de agosto de 2016

Noiz egina agosto 2016

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671 m
58 m
0
44
88
175,08 km

Bisitak 1028, kokapena 16

Nondik gertu Retuerto, País Vasco (España)

Aprovechando que la familia se va a Barakalo a pasar una semana, sin pensarlo mucho, y casi sin organizarlo decido acompañarles y volver en bici. Luego me arrepentiré de no haberlo organizado mejor...
La idea era también pasar por el embalse del Uribarri-Ganboa que me parece un paraje muy bonito, hacer noche en Vitora y llegar a Estella por la Vía verde del ferrocarril Vasco-Navarro.
Mientras desayunábamos en Estella nos llama Aitziber y nos comenta que está diluviando en Bilbao. Dudo si ir o no ir pero consulto la previsión del tiempo y aunque dan algo de lluvia parece que no durará mucho así que finalmente me animo. Eso sí, por si acaso cargo más ropa en las alforjas, sobre todo ropa de invierno, y menos mal que lo hice... Por el camino llueve constantemente pero con poca intensidad y un poco antes de llegar a Bilbao ya deja de llover.
La ruta empieza muy bien ya que apenas piso carretera con tráfico. Nada más salir de Barakaldo cojo una antigua carreterilla sin tráfico, paralela a las vías del tren, camino de Alonsotegui. El camino está plagado de antiguas empresas que en su día dieron esplendor a la ría del Nervión. Solemos ver este tipo de paisajes como feos cementerios industriales, pero no dejan de ser historia misma, sobre todo para comprender lo cambiante de los tiempos y como empresas tan grandes, que una vez fueron referentes y dieron trabajo a tanta gente, pudieron llegar a desaparecer en relativamente poco tiempo.
Sin mucho esfuerzo llego a Alonsotegui cruzando el río, luego paso bajo la autovía y me dirijo hacia lo que yo pensaba que era la mayor dificultad de la ruta, el Pagasarri. Con el poco tiempo que había tenido para preparar la ruta sólo había podido estudiar la subida al Pagasarri, y después de ver lo dura que era y que incluso hablaban de tener que bajarse de la bici, daba por sentado que sería la parte mas complicada de la etapa... Qué infeliz!!!!
La subida tiene 7 Km con una pendiente media del 10%, y aunque presenta rampas con más del 20% se puede subir sin problemas sin bajarse de la bici. He dicho sin problemas, no sin esfuerzo, ya que se hace dura, muy dura, sobre todo teniendo en cuenta que se va complicando conforme avanzamos. Al comienzo el camino está asfaltado, luego hormigonado y cuando se llega al Agroturismo se termina el buen firme y todo es camino en más o menos buen estado. Al llegar arriba las vistas compensan todo el esfuerzo realizado, y es que se divisa hasta el gran puerto de Bilbao. Sin embargo, durante toda la subida uno no tiene la sensación de estar tan cerca de un urbe tan grande como es Bilbao, más bien todo lo contrario, parece que estemos muy lejos de toda civilización.
Como todo lo que sube tiende a bajar ahora tocaría la parte divertida si no hubiera sido por la cantidad de agua caída previamente. Y es que si yo pensaba que estando en verano el agua caída acabaría por evaporarse más pronto que tarde no fue así sino que conforme iba avanzando me iba encontrado cada vez el terreno más mojado. Así que con un poco de miedo y mucha prudencia descendí hasta llegar a unos bonitos caseríos en Zollo-Elexalde. Aquí me encuentro con una carretera, pero no la sigo durante mucho tiempo, y por un camino bajo hasta Miraballes.
Se sale de Miraballes por la carretera BI-3524 pasando varios pueblos o más bien dicho barrios, pertenecientes al municipio de Zeberio, y la bonita Ermita de Santa Cruz hasta llegar a Ermitabarri-Ibarra donde aprovecho para aprovisionarme de agua. La carretera es en ligero ascenso pero estos kilómetros por asfalto se hacen rápidamente.
Nada más pasar la Ermita de San Antonio de Padua, a cuyos pies está la fuente donde repongo líquido, se abandona la carretera, y aunque todavía no lo sabía, comienza el calvario de la subida al Gorbea. Al principio es ascenso es asfaltado, tiene poca pendiente y se hace cómodamente por un entorno muy prometedor.
A los 3 Kilómetros se abandona el asfalto y el camino empieza a complicarse hasta que llega un punto en el que se hace imposible. Normalmente, cuando me encuentro con un tramo imposible en una ruta lo modifico y vuelo a hacer la ruta, pero en este caso dado que no tengo oportunidad de buscar alternativas lo único que digo a quien me quiera seguir los pasos es que no lo haga por aquí.
La puntilla llega cuando el camino se termina al llegar a una finca privada y me encuentro con una verja que me impide continuar. Miro a todos los lados y no encuentro otro camino además de por el que vengo. Tras consultar al GPS logro encontrar una senda que parte a mano derecha del vallado. Me cuesta creer que ese sea el camino que tengo que seguir pero no hay alternativa. Ni siquiera se trata de una senda, es más bien un paso de jabalies y puede que de algún que otro caballo por las huellas, pero nada parecido a una senda (lástima no haber hecho una foto). Pero no sólo eso, el camino es en subida y un barrizal en el que metes el pie hasta el tobillo, sin posibilidad de no hacerlo. Por supuesto tengo que cargar con la bici ya que es imposible ni haciendo trial. Tras avanzar media docena de metros, que me llevan como 10 minutos, la senda parece desaparecer, pero sigo sin tener otra alternativa así que continúo por donde me lleva mi intuición. Es un infierno, casi pierdo las zapatillas en cada paso que voy dando al hundir el pie en el barro. Por lo menos no siento frío con el agua, más bien pareciese que fuera agua caliente. Por si no fuera suficiente las matas prácticamente han cerrado el camino así que también me voy arañando a cada paso. Un machete me hubiera venido bien ya que más bien parecía que estuviera abriendo una senda en pleno Amazonas. Después de más o menos media hora, de haber avanzado unos 500 m, y de haberme dado una paliza considerable, además de llevar barro hasta en las orejas, se me abre el cielo al encontrar un camino en perfectas condiciones.
Pero la alegría dura poco en casa del pobre. Pronto descubro que mis penalidades no han hecho más que comenzar. Resulta que el camino tiene unas pendientes imposibles y durante unos 2 kilómetros no tengo otro remedio que andar con la bici arrastras. Parece mentira pero cuando toca llevar la bici a cuestas el esfuerzo se multiplica y me lleva más de media hora en superar este tramo. Tras más de dos horas de subida alcanzo la cima, o eso creo cuando llego a un parking. Se me ha hecho tarde para comer, me he quedado sin agua y llevo una pájara considerable así que llevo ya rato soñando con la bajada, llegar a la civilización, encontrar una fuente y comer. Para mi desgracia todavía me quedan unos pocos metros para alcanzar la cumbre y 4 kilómetros rompepiernas antes de encontrar propiamente la bajada.
El descenso es rápido y cómodo pero poco después de pasar el primer caserío hago el desagradable descubrimiento de desviarme del cómo descenso y tomar un camino en fuerte ascenso nuevamente, sin haber llegado a la civilización, sin haber podido encontrar agua y mucho menos algo que comer. Durante los próximos 4 kilómetros voy a encontrarme con unas pendientes imposibles que me van a hacer llegar a la desesperación. Para colmo, cuando ya llevo tiempo sin agua, empieza a llover levemente. Pero además, pierdo un tornillo de las calas de las zapatillas y cuando intento echar pie a tierra no logro sacar el pie de la cala y me voy al suelo, por suerte, sin consecuencias. Ante la imposibilidad de encontrar una fuente recojo agua en lo que parece un manantial natural. Estoy ya desesperado por beber agua y supongo que lo peor que me podría pasar sería un dolor de tripas...
Después de otra hora larga de penurias por fin llego al descenso esperado. El rápido descenso me lleva a atravesar la carretera N-240 a la altura del Restaurante y Estación de Servicio Barazar. Por fin civilización y la posibilidad de tomar algo!!!!
Pero claro, con la racha de buena suerte que llevo no podía ser de otra manera, tanto la Estación de Servicio como el Restaurante parecen llevar mucho tiempo cerrados. Pues no queda otro remedio que continuar e intentar llegar a Otxandio a unos 7 km. El inconveniente es que nada más cruzar la carretera me encuentro nuevamente con una fuerte subida de kilómetro y medio que va a robar las últimas pocas fuerzas que me quedaban. No obstante, después de alcanzar la cumbre el resto del camino hasta Otxandio además de bonito es fácil.
Así, cuando llego a Otxandio entro de cabeza en la tienda, compro una botella de litro y medio de aquarius, pan y algo para meter dentro y me pongo a comer y beber como un poseso bajo los portales del ayuntamiento. Cuando ya calmo un poco la sed y el hambre y tomo conciencia del entorno veo que son más de las 6 de la tarde y que hace 7 horas que salí de Barakalo por lo que me planteo hacer noche aquí. Sin embargo, enseguida tomo consciencia de que el pueblo está en fiestas cuando oigo las pruebas de sonido del escenario que hay en la plaza por lo que decido continuar la ruta, en cuando consiga descansar un buen rato y recuperar algo de fuerzas. Aprovecho también para cambiarme de ropa ya que la llevo completamente empapada tanto por el agua como por el sudor.
Tras un largo respiro no queda otra que seguir el camino para evitar llegar a Vitoria de noche. Cuando paso por delante del escenario veo que el grupo que va a tocar es Kaotiko por lo que estoy a punto de dar media vuelta. Si a la que salgo de Otxandio encuentro donde dormir me quedo!!!! Pero no lo encontré así que tuve que continuar.
El camino que sigue es muy espectacular por un hayedo muy bonito que nos lleva hasta el Embalse de Albina que recorro junto a la orilla.
Más adelante se pasa por Villareal por unos caminos asfaltados señalizados como carril bici. Tras cruzar la carretera A-3006 y la A-627 nos encontraremos con la Vía verde del Ferrocarril a la altura de la Estación de Villareal. Como quiero recorrer las orillas del Embalse de Uribarri-Ganboa al llegar a la vía verde no cojo la dirección hacia Vitoria sino hacia Landa.
Ahora se puede ir realmente rápido y los kilómetros vuelan, y más me vale porque la tarde se va echando encima.
Enseguida llego a Landa donde tomo el rápido camino que va paralelo al embalse hasta la presa. En realidad el camino da la vuelta al embalse en una ruta de aproximadamente 45 Km que espero poder hacer completa algún día. Desde la presa desciendo en busca de un camino asfaltado que pasando por Amarita acaba conectando con la Vía Verde del antiguo ferrocarril que con poco esfuerzo y de manera veloz me lleva hasta el centro de Vitoria donde haré noche.
El primer día han sido 105 Km, más de 3.000 m de desnivel positivo y más de 9 horas de andar con la bici. Y digo andar con la bici porque aunque la mayor parte del tiempo he estado sobre la bici, he pasado más tiempo del que me hubiera gustado arrastrándola.
El segundo día de la ruta en realidad la he hecho ya un par de veces, aunque no desde el centro de Vitoria, y de hecho ya tengo la ruta registrada, aunque esta vez, creo que al hacerla más tranquilamente puede que haya sido la vez que más la he disfrutado. El día amanece gris aunque no madrugo ya que ayer fueron 9 horas de dura ruta, así que son las 10.30 cuando me pongo en ruta.
Enseguida localizo el camino de salida que pronto se convierte en un cómodo carril bici que me saca de Vitoria sin dificultad. Compruebo con alegría que han conectado el centro de Vitoria con la vía verde, ya que antes no empezaba hasta que que se salía completamente de la ciudad, a la altura de Otazu.
La vía verde del ferrocarril Vasco-Navarro se puede seguir sin ninguna dificultad ya que está muy bien indicada, especialmente en la parte Alavesa, donde además hay infinidad de paneles informativos. Además del entorno por el que se rueda, lo más impresionante de este recorrido son las diferentes construcciones ferroviarias que nos vamos a ir encontrando.
La primera estación estación que nos encontramos es la de Aberasturi completamente restaurada como la mayoría de ellas. Aunque las hay que también han desaparecido por completo como la gran estación de Santa Cruz de Campezo. Es curioso el posterior uso que se les ha dado a las distintas estaciones. La mayoría han pasado a ser residencias particulares, pero también hay varias que actualmente son el ayuntamiento local y por último la de Estella, creo que la más bella de todas, que sigue teniendo funciones de estación aunque en este caso de Autobuses.
La primera parte del día nos va a llevar hasta las puertas del antiguo túnel de Laminoria. Este túnel que tenía más de 2 kilómetros de longitud está derruido en algunas partes y por lo tanto cerrado al paso. La alternativa, bien señalizada, es subir el puerto de Gereñu con rampas considerables.
Pero antes de llegar al puerto en cuestión, vamos a ir disfrutando de un plácido paseo por la vía verde, admirando el entorno y sobrepasando varias pequeñas poblaciones con sus bonitas estaciones restauradas.
Poco después de pasar por delante de la bonita y abandonada subcentral de Rogalde nos encontramos con el desvío de la Vía Verde, a la altura de un embalse, que abandona el verdadero camino que lleva al Túnel de Laminoria, para internarnos en el bosque de hayas por un puerto que nos va a dar el sofocón del día.
La primera vez que hice el camino ya me acerqué hasta la boca del túnel pero no se me ocurrió hacer ninguna foto, ni tenía recuerdos de como era, así que decido alargar un poco el recorrido y asomarme hasta el túnel. La verdad es que la etapa de hoy, en comparación con la descomunal paliza de ayer, es un placentero paseo, así que hacer algún kilómetro de más no va a ser algo insufrible sino todo lo contrario. Unos 500 m después de tomar el desvío llegamos a una cancela cerrada con candado que impide el paso, por lo menos en bici, ya que si se puede pasar a pié por un lateral. Pocos metros después, me encuentro delante del impresionante túnel, que a día de hoy más parece un manantial por la cantidad de agua que sale del interior.
La boca del túnel se debió tapar en su día con un muro con puerta, entiendo que para impedir el paso, aunque la puerta ya ha desaparecido y se puede entrar en él. Un vallado delante del muro debía impedir el paso también pero igualmente lo han tirado abajo. Extrañamente una tubería de grandes dimensiones descansa en la entrada al túnel. Cuando llegue, unos cuantos kilómetros más adelante, a Antoñana, al curioso Centro de Interpretación de la Vía Verde, y tras entablar conversación con el amable señor que se encuentra a su cargo, encontraré la explicación a la presencia de la tubería. Resulta que en los años 90, durante un verano extremadamente seco, y cuando los embalses que abastecen de agua no sólo a Vitoria, sino también a Vizcaia, se encontraban prácticamente secos, se emprendió la impresionante misión de llevar el agua por el túnel de Laminoria hasta Uríbarri, por donde pasé ayer. Por lo que también me comentó el señor, el proyecto se empezó pero no se llevó a cabo.
Vuelvo sobre mis pasos, pasando por delante de la derruida y engullida por la vegetación, estación de Laminoria, hasta el cruce donde, ahora sí, me decido a subir el puerto de Gereñu. Conozco la subida y se que es muy traicionera. No es muy larga pero si muy dura, y va empeorando conforme nos acercamos a la cima. Además, el entorno es espectacular y si uno se emociona y empieza la subida con un exceso de revoluciones terminará por arrepentirse rápidamente. Al llegar a la cumbre nos vamos a encontrar con unos escalones labrados en la piedra que nos van a hacer desmontar de la bici para poder superarlos, a la vez que nos servirán para tomar un respiro y tomar un poco de aire después de esfuerzo de la subida. Pero lo más duro es que cuando uno cree haber llegado a la cumbre y comienza lo que parece el descenso, todavía quedan por subir tres fuertes toboganes que de no haber guardado fuerzas te dejarían exhausto.
No obstante, el recorrido por el puerto de Gereñu tiene un entorno espectacular, teniendo unas hermosas vistas de ambas vertientes de la montaña, por lo que a pesar del esfuerzo se disfruta enormemente.
Tras superar los tres traicioneros toboganes por fin se llega el deseado descenso. Es una cómoda bajada por un buen camino hasta que se conecta con la carretera A-4144 por la que terminamos conectando nuevamente con el antiguo recorrido del ferrocarril a la altura de la entrada a la cantera y la Ermita de Santo Toribio.
Al enlazar con la Vía Verde uno no puede dejar de echar la vista atrás y contemplar el camino sin recuperar que se interna en al cantera en busca de la salida del túnel de Laminoria. El encargado del Centro de Interpretación de Antoñana me comentaría después que el presupuesto para recuperar el túnel es de 700.000 Euros y que tenía esperanzas de que a no mucho tardar la Vía Verde estuviera recuperada totalmente. El día que eso llegue seré de los primeros en hacer el recorrido completo nuevamente.
Una vez de nuevo sobre la Vía Verde el rodaje vuelve a ser rápido y sencillo. La primera parada se hace en Maeztu y su estación convertida en sede del Ayuntamiento. Aunque previamente habremos pasado por la bonita estación de piedra de La Traviesa, recuperada como vivienda particular hoy en día, y un pequeño túnel posterior.
A la salida de Maeztu se pasa por las piscinas y después de cruzar la carretera A-132 por una pasarela peatonal, entramos en uno de los tramos más bonitos a mi entender. Vamos a rodar junto a río Igoroin y pasaremos por Atauri, aunque quizás ni nos percatemos. El antiguo puente que cruzaba el río y entraba en Atauri está parcialmente derruido, imagino que al ampliar la carretera. Por ello hemos tenido que cruzar la carretera después de pasar las piscinas de Maeztu y tomar un camino alternativo al original del tren. El encuentro nuevamente con la vía original se hace al final del puente y justo antes de entrar en el túnel que discurre bajo Atauri, y por eso quizás ni nos demos cuenta que hemos cruzado el pueblo.
Tras pasar Atauri nos encontramos con las abandonadas minas de asfalto natural. De aquella actividad quedan un conjunto de edificaciones fantasmales, con puertas y ventanas tapiadas. También se conservan las cintas transportadoras que salen de las galerías y hasta una buena partida de asfalto, que quedó en el muelle de carga sin ser enviada. Es una imagen fantasmagórica, pero al igual que ocurría a la salida de Barakaldo, no dejan de transmitir la historia del lugar e indicarnos la importancia que un día tuvieron para la economía local.
Seguimos pedaleando tranquilamente y llegamos a Antoñana, donde nos llevaremos varias sorpresas. La primera es la belleza de lo que un día fue un pueblo amurallado. Y la segunda es lo relativo al antiguo trazado del tren, con su estación restaurada y con el Centro de Interpretación de la Vía Verde que no hace muchos años colocaron en forma de uno de los antiguos trenes que un día hicieron el mismo recorrido que ahora estamos haciendo y disfrutando sobre la bici.
La estación de Antoñana y parte del antiguo recorrido han pasado a manos particulares así que la salida se hace durante unos 200 m por la carretera A-3136 hasta que, tras sobrepasar la vía por uno de los antiguos puentes, enlazamos con el recorrido nuevamente.
La Vía Verde discurre junto al río Ega por unos parajes muy bonitos donde andar es bici es un auténtico placer. Así llegamos a las piscinas fluviales de Fresnedo antes de llegar a Santa Cruz de Campezo, a orillas del río Ega. Cuenta con un área de esparcimiento dividido en dos zonas situadas a ambos lados del río y conectadas mediante un puente de madera, equipado con mesas, asadores, fuentes, una cancha de baloncesto y juegos infantiles, que permiten disfrutar de una jornada de lo más agradable en contacto con la naturaleza. Durante los meses de verano, se instala un bar donde se sirven comidas.
Es una pena que el día no esté para darse un chapuzón pero si no, hubiera sido el lugar perfecto para hacer un alto en el camino, comer e incluso darse un relajante baño.
El camino continúa pasando por las inmediaciones de Santa Cruz de Campezo aunque ni se toca la villa. Los vestigios del paso del tren por Santa Cruz prácticamente han desaparecido al haber construido una urbanización donde en su día estuvo ubicada la estación.
Así cambiamos de Comunidad y llegamos a Navarra. La primera población que se pisa es Zúñiga, aunque también se queda lejos del recorrido. Su estación tiene los días contados ya que se encuentra derruida y está siendo devorada por la vegetación. En Zúñiga hago una larga parada para reponer fuerzas en el restaurante que se encuentra cerca de la carretera y la Vía Verde.
Tras el descanso, nos vamos a deleitar al recorrer lo que para mi es el tramo más impresionante. Entramos en una especie de garganta que nos va a llevar al elevado puente de Arquijas de 30 m de altura, el mayor de todo el recorrido que hacía este tren. Las vistas desde el puente bien merecen una parada aunque no haga mucho que nos hemos puesto en marcha.
Tras el puente, y después de pasar por el abandonado apeadero, entramos en el inquietante túnel de Arquijas de casi kilómetro y medio de longitud. Aunque los organismos oficiales ponen interés en dotar de luz al túnel, los cacos se empeñan en desmontar la instalación eléctrica, así que por si este, u otro de los túneles, no tienen iluminación, es recomendable llevar una linterna en esta ruta. Esta vez tuve suerte y si estaba iluminado, y menos mal porque luego me di cuenta que mi linterna tenía las pilas descargadas. De todas formas hoy en día los móviles tienen también función de linterna y así evitamos tener que desmontar, fijar la vista en el pequeño punto de luz al final del túnel y andar con mucho tiento y un poco de respeto durante un buen rato por el oscuro y silencioso interior, como tuve que hacer en una ocasión.
Tras el túnel llegamos a Acedo, cuya estación se restauró como casa particular al igual que algunos terrenos de la propia vía, y por lo tanto la ruta tiene que dar un pequeño rodeo desviándose del camino original.
Rodando plácidamente llegamos a Ancín, en donde junto a su estación estaba ubicada la tercera central eléctrica del tramo. Del conjunto de edificios que componían esta instalaciones se conservan todos ellos, la estación como casa consistorial y la central como edificio de servicios de las piscinas municipales.
Continuando velozmente por los campos de Valdega llegamos a Murieta, cuya estación también se ha convertido en ayuntamiento.
Tras pasar Murieta el recorrido original del tren se ha perdido durante unos cuantos kilómetros hasta llegar a Zubielqui. En este tramo la carretera NA-132A se ha llevado el viejo camino del tren, aunque en algunas zonas iba paralelo a la misma y todavía pueden observarse algunos vestigios si se observa el terreno con detenimiento. Hay varias alternativas para hacer este tramo, yo he elegido la más cercana al original, circulando un tramo por la misma carretera para en las inmediaciones de Igúzkiza, cruzar el río Ega por la carretera NA-132B y coger un camino de parcelaria que discurre paralelo al río hasta llegar a Arbeiza. En este trayecto nos vamos a topar con el curioso pozo de Arbeiza que aunque por su forma circular puede parecer artificial se originó por el hundimiento natural del terreno.
En Arbeiza volvemos a cruzar el río y nos encontramos nuevamente la Vía Verde junto a la antigua estación de Zubielqui.
En Zubielqui se haya la última estación antes de la de Estella y seguida a ella el puente y el túnel del mismo nombre. La vía cruza el paso superior de Valdelobos para cruzar por última vez el Ega por el puente de Los Llanos y entrar ya a la estación de Estella.
La estación de Estella es un magnífico edificio de neorománico que evoca el palacio de los Reyes de Navarra.
Pagasarri
Ermita de Santa Kruz
Ermita de San Antonio de Padua
Parque Natural del Gorbea
Otxandio
Estación de Villarreal
Estación de Landa
Embalse de Uribarri-Ganboa
Estación de Aberasturi
Subcentral de Rogalde
Túnel de Laminoria
Alto de Gereñu
Reencuentro con la Vía Verde
Estación de La Traviesa
Estación de Maeztu
Puente y Túnel de Atauri
Antigua mina de asfalto
Centro de Interpretación de la Vía Verde - Atauri
Viaducto y Túnel de Arquijas
Estación de Acedo
Estación de Ancín
Estación de Murieta
Estación de Zubielqui
Estación de Estella

2 iritzi

  • argazkia Treches

    Treches 15-ago-2016

    Buena ración de penalidades la del primer día. Pero, en fin, como escribió Ciro Bayo en uno de sus peregrinos: «Cierto que se pasan fatigas e incomodidades; pero ellas se reducen a cero al fin de la jornada, si uno sabe revestirse de ánimo y se acostumbra a ver las cosas por el lado alegre».

  • argazkia Australian1973

    Australian1973 16-ago-2016

    Que cierto es!!! Con lo mal que se pasa en algunos momentos y luego el mal rato se transforma en una buena experiencia.

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