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311 m
-101 m
0
6,1
12
24,26 km

Bisitak 1039, kokapena 68

Nondik gertu Atotxa, País Vasco (España)

*Nota: Clasifico esta etapa cómo moderada no por la dificultad técnica sino por la mochila, ya que al ser parte de la travesía que traza el Camino de Santiago del Norte el peso era superior al de una salida matinal.

El Camino del Norte, al contrario del Camino Francés, transcurre tranquilo y solitario. Su paso por playas, bosques, praderas, acantilados y pueblos del litoral en la mayoría de sus etapas lo convierte en una travesía espectacular, eso sí, nadie nos salva de su constantes perfiles de sierra. Se suceden los preciosos pueblos pesqueros que nos darán cobijo y a los que se accede desde altos acantilados convertidos en miradores.
Otro gran aliciente de este camino es su excelencia gastronómica, ligada al mar Cantábrico y a sus pastos verdes e infinitos. Mucho cuidado con los restaurantes de estas villas, puesto que sus abundantes manjares nos pueden tentar a dejar una etapa a medias, cómo fue nuestro caso en la que era nuestra segunda etapa y acabó convirtiéndose en la etapa 2.1 y 2.2!

El comienzo del Camino del Norte arranca en el puente de Santiago que salva el río Bidasoa, frontera natural que divide Francia de España. Nosotros, por falta de días la tuvimos que omitir, para empezar desde Donostia, ciudad a la que adoramos.
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Donostia > Zarautz (Etapa 1)

El primer estímulo que se recibe cuando se arriba, a través del monte Ulia, a Donostia-San Sebastián es la playa de Zurriola, hoy gobernada por los dos modernos edificios diseñados por Rafael Moneo, el Centro Kursaal. Los llamados ‘Cubos’ (1999) han sido uno de los últimos proyectos que se han hecho realidad en una ciudad que lleva más de una centuria acostumbrada a las excelencias urbanísticas. Desde que, a mediados del siglo XIX, se derruyeran las antiguas murallas que aprisionaban Donostia-San Sebastián y ésta fuera elegida como sede de los veraneos reales, la capital guipuzcoana experimentó una increíble metamorfosis. Fue entonces cuando pasó de ser un modesto pueblo marinero a una capital de provincia cuyas referencias estéticas eran grandes urbes europeas como París o Barcelona. El Camino de Santiago está documentado desde tiempos medievales: muchos de aquellos que marchaban a Santiago hacían un alto en el monasterio bajo la advocación de San Sebastián, situado en los mismos terrenos en los que hoy se levanta el Palacio Miramar. Antes de que el río Urumea fuera canalizado, también existió una encomienda templaria junto al actual puente de Santa Catalina, hoy desaparecida. La ciudad era una referencia para caminantes que evitaban el paso de los Pirineos para acceder a España, y su bahía –la de La Concha, como si fuera un guiño al emblema jacobeo por excelencia, la coraza de la vieira– se convirtió en un paraje a guardar en su retina.

Si tenemos la suerte de poder dedicarle un día Donosti nos regala mil rincones. Yo recomiendo darse una vuelta por “lo viejo” para degustar sus famosos pintxos y hacer algunas visitas: Plaza de la Constitución, Catedral del Buen Pastor, Monte Urgull o el espectacular Peine del Viento.

Una vez se abandona la capital guipuzcoana, el Camino vuelve a recuperar su rostro agreste y lo hace a través de tres montes hermanados. Igeldo (al que no es necesario subir pero nosotros decidimos hacerlo para visitar su parque de atracciones, este cambio de planes nos costó 2,20€, el ticket de entrada al parque), Mendizorrotz y Kukuarri que acompañan el peregrinaje durante una quincena de kilómetros hasta que la, antaño, localidad ballenera de Orio sale a su paso. El recorrido por esta cordillera pelada vuelve a regalar preciosas estampas cantábricas. Aquí, los caseríos solitarios, algunas explotaciones ganaderas y los senderos acosados por la vegetación son la norma. Orio es otro de esos pueblos que goza de vetustas credenciales jacobeas, con un casco antiguo en franca pendiente y otra desembocadura que, esta vez, se salvará gracias a un puente. A medida que la Ruta Jacobea se acerca a Zarautz y asciende por la colina de Talaimendi aparecen ya las viñas que hacen posible el oro blanco de la costa guipuzcoana: el txakoli. La siguiente parada es Zarautz, otra de las perlas veraniegas del mar Cantábrico, con uno de los arenales más apreciados por bañistas y amantes del surf.

Igeldo
1.000 hab. / Cien años atrás, Igeldo era una montaña apenas urbanizada con un fuerte carácter rural y habitado por caseríos dispersos. Se ubica el lado occidental de la bahía de la Concha, cerrándola, y es el inicio de otra cordillera costera con tres pequeñas cimas bien diferenciadas –el propio Igeldo, Mendizorrotz con poco más de 400 metros de altura y Kukuarri, con 365 metros– que mueren junto al río Oria. Fue de sus canteras de donde se extrajeron toneladas de roca que luego se utilizarían en la construcción de los principales edificios de San Sebastián y las localidades vecinas. En la cima del Kukuarri hay una imagen de la virgen María con el Niño Jesús, esculpida por el artista oriotarra Jorge Oteiza.

Orio
4.969 hab. / Mucho antes de que se construyeran pontones sobre el río, quienes arribaban a Orio, habían de cruzarlo a bordo de una embarcación. Los tiempos han cambiado, dos grandes estructuras salvan la desembocadura, pero Orio sigue siendo una de las villas de Gipuzkoa con más devoción por la ruta del apóstol. En las afueras, se encuentra la ermita dedicada a San Martín de Tours, con cimientos románicos, hermosas vistas sobre el mar y cuyo porche servía de refugio a los caminantes. Orio hunde raíces en el siglo XII, como lo demuestra su Goiko Kale, un precioso meollo medieval en cuesta, cuyas casas forman un pasillo que desemboca en la iglesia de San Nicolás. El Palacio de Iturriaga acoge el Centro de Interpretación del Camino de Santiago en Euskadi.

Zarautz
22.402 hab. / Una vez superado el collado de Talaimendi, aparecerá de nuevo el mar y las dunas del biotopo protegido de Iñurritza, en Zarautz. La villa costera es una de las joyas del verano vasco, gracias a su amplia playa -la mayor de toda Gipuzkoa-, su paseo marítimo y el calendario anual de competiciones de Surf. Zarautz destaca por sus deslumbrantes casas torre como la de Torre Luzea o el palacio de Narros, aunque es la iglesia de Santa María la Real la que más guiños hace a la ruta santiaguista, con el sepulcro de un peregrino anónimo que pidió ser enterrado en este templo del siglo XVI. En Santa María la Real también se custodia un importante yacimiento arqueológico con restos romanos y medievales. La ermita de Santa Bárbara, con un privilegiado emplazamiento sobre un acantilado, despide al caminante que, a partir de ahora, viajará por un mar de viñedos de txakoli hasta llegar a su próximo destino. También tiene la opción de seguir la carretera de la costa -preparada para peatones y por donde actualmente te llevan las flechas amarillas- para llegar al cabo de 5 kilómetros a Getaria.

Texto basado en la guía «Los Caminos del Norte a Santiago». Editado por: Gobierno Vasco, Gobierno de Cantabria, Gobierno del Principado de Asturias, Xunta de Galicia, Gobierno de Navarra y Gobierno de La Rioja. 2ª Edición: Agosto 2011.

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